Había una vez una niña cuyo nombre era Ricitos de Oro, Ricitos era una niña muy chulita y se creía la mejor del mundo. Su madre preocupada por su comportamiento fue a su habitación a decirle que la recogiera un poco, asustándose mucho al darse cuenta de que no estaba.

Pasó un tiempo y seguía sin aparecer por lo que decidió llamar a Sandra detective de cuentos. Pronto apareció Sandra y su ayudante el elfo Foo, y de inmediato se pusieron a buscarla.

Ricitos de Oro como era tan traviesa se fue a la cueva del dragón negro, ella pensaba que era un parque de juegos. Una vez allí de repente tiró de una palanca que resultó ser la que abría la presa del dragón negro. En ese preciso instante Sandra llegó a la cueva y pudo ver como la bestia quería comerse a ricitos de oro, y gracias a su ayuda consiguieron dejar atrás al dragón negro.

Sandra enfadada la agarró del brazo justo cuando pasaba un policía al que ricitos le dijo: “ESTA NIÑA MALA QUIERE PEGAR A RICITOS”. Como ricitos era famosa el policía la protegió, pero Sandra en ningún momento quería hacerla daño.

Sandra le intentó explicar al policía lo ocurrido desde un principio, mientras tanto, ricitos aprovechó y se montó en el coche de policía arrancándolo y marchándose pitando, momento en el que el policía comprendió la clase de niña que es Ricitos y el error que había cometido al no escuchar antes a Sandra.

Ricitos de Oro se había escapado pero por poco tiempo, ya que pasado un rato Sandra la encontró en el lago cuando estaba intentando hacer una “sopa de rana”. Sandra aprovechó para capturarla pero Ricitos de Oro se volvió a escapar con su habitual habilidad.

Sandra, su ayudante y el policía la persiguieron hasta la feria donde Ricitos se topó con la bestia. Ricitos corrió sin parar y se chocó con unos botes llenos de miel. A la bestia le gustaba mucho la miel pero no creáis que era un oso, es el dragón negro que en un principio Ricitos soltó. Ricitos continuó corriendo hasta se enganchó un bucle de su pelo en una valla de alambre lo que frenó su huida. Como la bestia corría detrás de ella y se acercaba, Sandra no tuvo otra opción que intentar cortarle el pelo con las tijeras, a lo que Ricitos se negaba. Sandra finalmente consiguió cortarle el pelo y de ese modo quedó libre.

Sin queso y sin pelo se fue a su casa y dejó de ser chulita. Recogió la habitación y su madre dio las gracias a Sandra a Foo y al policía, al que también ricitos le pidió disculpas.

Sandra y Foo volvieron a casa y Sandra gritó: ¡caso cerrado!

FIN.

Cuento obra de:

Iria Alonso Talero

1 Response to "Ricitos de oro se queda sin ricitos"

  1. yoel Says:

    muy guay el libro iri saludos yoel

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